La versión que está ganando impulso en todo el mundo.
El mundo democrático ya no invierte sus mejores energías en luchas de poder interminables. Invierte en procesos deliberativos de calidad que nos permitan afrontar con sabiduría los desafíos que se nos presentan y construir un futuro en el que queramos vivir juntos.
Las democracias de todo el mundo se encuentran en una crisis continua, al igual que las democracias locales. Esta crisis se manifiesta en la erosión de la confianza en las instituciones democráticas, la creciente polarización social y una realidad política que prioriza las políticas a corto plazo, evitando abordar problemas complejos y profundos, de ahí la necesidad de actualizar los mecanismos democráticos con políticas de gestión pública para que puedan dar una respuesta adecuada a estos desafíos.
Hace más de 2500 años, se creó en Atenas el sistema de democracia directa (Democracia 1.0), adecuado para una sociedad pequeña y que permitía la participación directa de todos los ciudadanos en la formulación de políticas y la toma de decisiones. En la época moderna, y en consonancia con el Estado de derecho en los países grandes, se desarrolló la democracia representativa (Democracia 2.0), en la que la participación ciudadana se reduce principalmente a votar por sus representantes cada pocos años. Esta versión da cabida a las necesidades sectoriales y locales, pero al mismo tiempo debilita la visión del bien común. La necesidad de algunas democracias en reelección fomenta políticas a corto plazo y evita abordar temas conflictivos y complejos para los que no se garantiza el apoyo público.
Según los estudiantes e investigadores de la maestría en Gestión Publica la Democracia 3.0 es un proyecto que busca impulsar la democracia global hacia una versión actualizada (versión 3.0), que ya está cobrando impulso a nivel mundial. Esta versión se centra en reincorporar a la ciudadanía al centro de los procesos de formulación de políticas públicas mediante herramientas de democracia deliberativa y participativa, tanto a nivel de gobierno local como nacional, a través de asambleas ciudadanas.

¿Qué es una asamblea ciudadana?
Una asamblea ciudadana es una herramienta de democracia deliberativa que reúne a una muestra representativa del público para debatir un tema complejo y candente. La asamblea estudia cada asunto a fondo con debates para las distintas opciones y formula con recomendaciones conjuntas. Tras presentar sus recomendaciones al gobierno, la asamblea se disuelve.
Las asambleas ciudadanas se utilizan ampliamente en Irlanda, Bélgica, el Reino Unido, Alemania, Australia y Dinamarca, también se han celebrado asambleas ciudadanas en sus diversas modalidades en Estados Unidos, India, Malawi y Mongolia, y la Unión Europea ha organizado varias asambleas paneuropeas.
La OCDE ha compilado una base de datos con más de 700 ejemplos de asambleas ciudadanas deliberativas de todo el mundo, denominándolas una "ola deliberativa" que recorre el mundo. Las asambleas ciudadanas también han sido útiles en procesos de cambio constitucional, como los cambios constitucionales propuestos en la Asamblea Ciudadana Irlandesa y posteriormente aprobados en referéndum, o en la formulación del borrador de la constitución islandesa, una clara muestra de estas asambleas, es la celebrada tras el huracán Katrina demostró cómo estos procesos pueden ayudar a establecer prioridades para las iniciativas de recuperación tras un desastre.
Encuestas realizadas en Estados Unidos, Francia y Alemania muestran que, en cada uno de estos países, más del 75 % cree que es importante que su gobierno organice asambleas ciudadanas, en Reino Unido con una mayoría absoluta, tanto entre los votantes de izquierda como de derecha, apoya esta herramienta.
Este estudio de los estudiantes de la maestría en Gestión pública muestra la iniciativa Democracia 3.0 de un país europeo que lanzó en 2022 con un proyecto piloto de asamblea ciudadana, bajo el auspicio de CEUPE Colombia para la sostenibilidad, la iniciativa desarrolló un centro de conocimiento y recursos en línea; lanzó un programa de capacitación para gestores de las autoridades locales; y, junto con las principales autoridades de este país, celebró seis asambleas en ciudades diferentes. La iniciativa trabaja para promover una asamblea ciudadana nacional en todo el país mediante la colaboración con organizaciones de la sociedad civil, a la vez que trabaja para institucionalizar el método.
A modo de ejemplo:
“Imagínate entrando en un gran salón de tu ciudad para la inauguración de la Asamblea Nacional Ciudadana del año 2028, con cerca de 100 mujeres y hombres de todo el país se reúnen contigo. Algunos provienen de grandes ciudades, pueblos, asentamientos comunales, comunidades indígenas y afrodescendientes y autonómicas de cada región. Este grupo de personas se distribuye de forma similar a la población general en cuanto a características como género, edad, educación, religiosidad, etnia y nivel socioeconómico. Nunca se han conocido unos a otros, pero todos han sido seleccionados estadísticamente para conformar una muestra representativa del país: «tu país en una sola sala».
En la agenda se aborda un tema complejo y controvertido, aunque aquí, en esta sala, se está desarrollando una conversación diferente, en lugar de gritos, juegos e intereses políticos o titulares incendiarios, la reunión comienza con presentaciones personales y la formulación de un programa para un diálogo respetuoso. En los primeros días, aprendes, lees material de apoyo, conoces a expertos y representantes de todos los sectores y haces preguntas directas, tras este proceso de aprendizaje, se dividen en grupos pequeños, con facilitadores profesionales, y comienzan a debatir el tema: prueban diferentes esquemas y sugieren ideas y mejoras. Las ideas del público general se integran en una plataforma en línea y se consideran junto con todo lo que se dice en la sala. Finalmente, se comprueba qué sugerencias cumplen los criterios acordados y se mejoran con la retroalimentación de otros grupos, expertos y responsables de la toma de decisiones.
Poco a poco, se desarrolla una magia: personas que estaban seguras de no tener nada en común encuentran puntos de acuerdo, resulta que existen suficientes soluciones de sentido común y maneras creativas de equilibrar las diferentes necesidades.
Finalmente, mediante la votación, se garantiza un amplio consenso sobre las recomendaciones de la asamblea. Esto no representa una victoria para un solo bando, sino un compromiso con el bien común.
Las recomendaciones se transmiten al gobierno de la nación y a todo el público en directo, con amplia cobertura mediática y total transparencia.
Al salir de la sala al final del proceso, sientes que has participado en una experiencia única, en lugar de sentirte impotente ante las noticias, o tener una discusión furiosa en Facebook o una reunión de diálogo sin resultados, has asumido la responsabilidad, junto con otros, de construir un futuro compartido.
¿Qué ha cambiado en este país con asambleas ciudadanas?
Las asambleas ciudadanas ya forman parte natural de la vida política del país, el público las conoce bien, se celebran periódicamente a nivel nacional y local y están consagradas en la ley. La ley define la forma profesional de llevar a cabo las asambleas y la obligación del gobierno de responder oficialmente a las conclusiones presentadas por ellas. En ciertos temas, como cambios en el sistema electoral o la estructura de gobierno, el gobierno está obligado a convocar una asamblea ciudadana y someter sus recomendaciones a referéndum.
Cada asamblea es un evento público, que comienza con la selección del tema, momento en el que el público presenta sugerencias sobre los temas candentes del año, y continúa con la recopilación de sugerencias e ideas del público a través de una plataforma digital. Los equipos de noticias cubren el fascinante proceso hasta el momento de presentar las recomendaciones, donde todos los espectadores ven a personas como ellos apoyando las recomendaciones conjuntas. Los debates públicos se centran más en los entendimientos que se han formado que en las posiciones iniciales divididas. Así es como se construye la confianza y la colaboración entre la ciudadanía y las instituciones en el proceso de toma de decisiones, lo que evita la sensación de desconexión y alienación que prevalecía en el pasado.
El resultado es una cultura democrática más sólida, estas asambleas fomentan la ciudadanía activa en todos los ámbitos de la vida y fortalecen el sentido de pertenencia, la cohesión social y la responsabilidad mutua, sobre todo, nos inspiran la confianza de que tenemos una manera de abordar los desacuerdos profundos sin dejarnos desgarrar por ellos, sino, por el contrario, crecer a partir de ellos, en un proceso basado en la participación diversa y la escucha activa. Un proceso que conduce a una decisión no mediante la sumisión, sino mediante el pensamiento creativo y un amplio consenso.
Recordamos lo que ocurrió hace apenas unas décadas y decimos: «Ojalá lo hubiéramos hecho antes». Podría habernos ayudado a formular políticas sobre el coronavirus, a definir la reforma legal, el marco regulatorio del gas y a muchos otros temas.